• lunes 13 de julio 2020
    Fábula de Otavalo
    Un gallinazo volaba sobre la laguna de Inbacucha, cuando vio a una garza entre las totoras. Sus plumas blancas brillaban con la luz del sol. El gallinazo pensó que le gustaría ser amigo de ella. Sin embargo, vio su reflejo en el agua. “¡Pero, que feo soy!”, se dijo tristemente, y se puso a volar sin atreverse a hablar con la garza, hasta que esta lo llamó: “Oye, gallinazo, baja de una vez”. El gallinazo se acercó a la garza. “Garza, ¿qué haces para que tus plumas sean tan blancas y bonitas?”, preguntó y añadió que él quería tener las plumas como las de ella. “¿Por qué, si tus plumas también son muy bonitas? ¡Son negras y brillan como obsidianas!”. El gallinazo respondió: “Deseo parecerme a ti”. La garza pensó que ella nadaba cuando había luna. ¡Los rayos de luna volvían a sus plumas blancas! Así que aconsejó al gallinazo hacer lo mismo. El gallinazo esperó a que hubiera una noche de luna y se metió en la laguna mientras dejaba que los rayos de luna iluminaran su cuerpo. Pero… se hundió
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  • lunes 06 de julio 2020
    De libros y columpios
    Pienso que si a un libro no lo leen, sus personajes mueren. Sé que es algo debatible, pero así lo siento. Hoy pasé por un parque y vi los columpios meciéndose solos, empujados por el viento. Pensé si tendría relación mi idea de los personajes de los libros con los columpios vacíos, y me dije que posiblemente así era. Esto me recordó a mi columpio en el jardín de la casa de mis abuelos. Lo construyó Papá Chas con una tabla bien lijada y pintada de verde que amarró con sogas a los palos que sostenían las plantas de uvas. (Sí, en la Mariscal se daban uvas, pequeñas y ácidas.) Yo adoraba a aquel columpio. Es maravilloso leer columpiándose. En los momentos menos emocionantes solo te meces, y al entrar en un peligro te empujas con fuerza y estás cabalgando. Entonces, mi mamá fue a ver la película ‘Lo que el viento se llevó’: la hija de la heroína muere al caerse de un caballo y por esa extraña lógica de los adultos, me quitaron mi columpio. No hubo lágrimas que consiguieran que volviera a co
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  • jueves 02 de julio 2020
    Lo que la historia escoge
    Quizás en el Ecuador existe racismo por ignorancia, porque la historia escoge qué relatar. Una gran mayoría de la gente niega que haya habido esclavitud. Les encanta la historia del naufragio de un barco lleno de esclavos delante de las costas de Esmeraldas. Ese fue un pequeño grupo, pero nada se dice de los esclavos que fueron traídos a esa misma provincia a trabajar minando oro. Tampoco cuenta de los llevados al Chota, el valle que recibió su nombre por la cacica de Mira, doña Angelina Chota; se lo conoció también como Coangue, que significa “lugar de fiebres malignas”, pero el nombre más apropiado durante dos siglos y medio fue el de ‘Valle del dolor y la muerte’. En 1575 llegaron los primeros esclavos: minas, chalás, mondongos, caravelíes, yorubas y congos; comprados en los mercados de Popayán y Buga, en Colombia, y traídos por los jesuitas para trabajar en las plantaciones de caña y algodón. También se olvida a los ‘negros alzados de La Tolita’, apodados así por el ejército españo
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  • jueves 25 de junio 2020
    Mensaje a mi padre
    Yo no te recuerdo. Tenía un año cuando partiste justamente en mi cumpleaños. Tus sueños de aviador quedaron incrustados en las faldas del Tungurahua en un ala del avión que aún brilla en los días despejados. Trato de recordar tu rostro porque dicen que en algún lugar de la memoria guardamos recuerdos aún a tierna edad. Mas no puedo. El rostro que llega a mí mente es el de las fotos, especialmente la que estás sonreído delante de un bimotor de los años cuarenta, con tu chaqueta y tu casco de cuero con gafas redondas. ¡Te ves tan joven! Tengo otras donde me cargas en tus brazos y me miras con un amor que traspasa el vidrio. Sé que me decías “reinita”, pero no recuerdo tu voz. Que me cantabas, pero no recuerdo la canción. Que me mecías para que me durmiera, pero no recuerdo tu calor. No pudiste enseñarme a montar en bicicleta, ni a jugar tenis que tanto te gustaba. Ni pudiste enjugar mis lágrimas cuando me lastimaba. Tuve un gran abuelo que me quiso mucho, pero tú no estabas. Nunca me oís
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  • miércoles 17 de junio 2020
    Réquiem por un diario
    Yo vi nacer al periódico Hoy. Y a la revista infantil La Cometa, que circulaba con ese diario los sábados. Entre las maravillosas experiencias que Dios me ha otorgado, están estas. Junto con Guadalupe Mantilla y Benjamín Ortiz fundamos Publicaciones Juveniles SA. Cuando Guadalupe volvió a Diario EL COMERCIO, me quedé yo de directora/editora de la revista durante once años. La Cometa fue la primera revista –no un suplemento– en circular gratuitamente con un diario en este continente. ¡Qué tiempos tan interesantes fueron! ¡El diario era nuevecito, con la más moderna tecnología y tantos periodistas dedicados! El ‘Gringo’ Mantilla, a quien admiro y respeto por su labor, fundó y mantuvo un diario libre, honesto, dispuesto a servir al público al que se debía. Yo lo vi nacer. El domingo pasado hubiera cumplido treinta y ocho años. Por cosas de la política, el mismo personaje que alababa a diario Hoy durante un aniversario, lo cerraba a la semana siguiente. No, este artículo no debería llevar
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  • domingo 07 de junio 2020
    De barquillos y romance
    La Matilde era muy bonita y coqueta. La Matilde era lo que en esa época se llamaba una “criada”, que significaba que había estado en una casa ayudando en el servicio doméstico desde niña. A mi abuelita, Ñata, le habían “encargado” a esta niña en una de sus haciendas y mi abuela la quería mucho. También en esa época se tenía un servicio completo con “muchachas de mano”, cocinera y paje. Pero de quien más me acuerdo es de La Matilde, que era tan enamoradiza, como escuché decir un día. Su principal pretendiente era el vendedor de barquillos que llegaba todas las tardes a la Mariscal con su grito de: “baar-qui-lluus”, y el canasto sostenido sobre la cabeza. La Matilde pedía plata para comprar los barquillos para la “niña Ednita”, abría la puerta de hierro y salía mientras yo me quedaba en el jardín con mi perro Jip. El barquillero ponía su canasto en el suelo y cuchicheaba con La Matilde tratando de cogerle la mano y ella, coqueta, no se dejaba. ¡Qué tierna era la vida! Mi abuelita la cuid
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  • jueves 04 de junio 2020
    Carta al señor Presidente
    Estimado señor presidente Lenín Moreno: me dirijo a usted muy respetuosamente después de haberle escuchado en el informe que dio al país el domingo 24. Me gustó mucho, pero hay algo que deseo recordarle: usted mencionó a la educación y a los textos escolares, pero no recordó a los libros. Estoy segura de que fue un olvido involuntario. Al ser sus padres maestros, de seguro que le inculcaron el hábito de la lectura y usted debe ser un buen lector. La lectura comprensible es el pilar de la educación. Con esto no le digo nada nuevo, sin embargo, me permito recalcar un asunto importante: una de las cosas positivas que logra la lectura es desarrollar la inteligencia emocional –como saber tomar decisiones–, especialmente durante la niñez. ¿Quizás sería posible crear un plan de gobierno donde cada niño comenzara el año escolar con su propio libro? Algo así como: ¿“Con un libro en la mano”? Porque con un libro en la mano se aprende el hábito de la lectura, de lo contrario es imposible hacerlo.
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  • jueves 21 de mayo 2020
    El jardín del Inka
    El Kurikancha, considerado el centro de la ciudad sagrada del Cusco, era un templo enorme cubierto por planchas de oro. Las piedras de las paredes estaban pegadas una a la otra sin ningún material, de manera tan compacta que entre ellas no podía entrar la punta de un cuchillo. Sobre la pared de piedra había otra de adobe, donde se asentaban vigas de madera que sostenían el techo de paja, que estaba decorado con mantos tejidos de plumas de aves de la selva y rodeado de un borde de oro de casi un metro de ancho. Delante del aposento donde se creía que el Sol Dormía, había un jardín lleno de figuras de niños jardineros, de plantas, legumbres y maizales, árboles, pájaros, hechos de oro. Dieciséis llamas, también de oro, aparentaban beber junto a una fuente de agua. Era la época de mayor esplendor del inka Tupak Yupanki, señor del Tawantinsuyu, las cuatro esquinas del mundo. Las figuras de aquel primoroso jardín acabarían fundidas y enviadas como lingotes de oro a España. Igual suerte corri
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  • lunes 11 de mayo 2020
    Ser madre
    Ser madre es decirte billones de veces cuán inmensamente importantes son tus hijos para ti, y aún quedarte corta. Ser madre es construir puentes sin ser ingeniera y ver que se rompen por tu culpa. Tratar de construirlos una y otra vez hasta que queden firmes. Ser madre es equivocarte sin remedio, pero sin propósito de hacerlo. Es herir sin darte cuenta a los seres que más amas. Es pedir perdón sin ser perdonada. Es perdonar las ofensas y olvidarlas. Ser madre es hacerte la tonta para no herir a tus hijos. Ser madre es tratar de actuar con sentido común, aunque el amor por tus hijos no te lo permita. Ser madre es buscar en lo más recóndito de tu alma soluciones para todas las situaciones, aunque éstas estén fuera de tu alcance y tus hijos no te permitan actuar. Ser madre es la responsabilidad más importante de tu vida: lograr ser psicóloga, enfermera, maestra, guía, ángel de la guarda, amiga (¡pero no tanto, mami!). Ser madre es tratar de explicar en mil ciento dieciocho caracteres todo
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  • jueves 07 de mayo 2020
    La libertad de prensa
    Del 29 de abril al 3 de mayo de 1991 se celebró en Windhoek, Nambia, el ‘Seminario para la promoción de una prensa africana independiente y pluralista’, organizado por las Naciones Unidas y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta iniciativa se basó en el derecho a la libre información que hace parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Dos años después, el 3 de mayo de 1993, se proclamó en la Asamblea General de las Naciones Unidas el Día Mundial de la Libertad de Prensa con el fin de “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”. La fecha recuerda la Declaración de Windhoek sobre libertad del ejercicio del periodismo. Muchas veces han tratado aquí, y en el resto del mundo, de quitarnos la libertad de prensa. Lo terrible es que la gente o no se da cuenta o ya no le importa. Se ­convierten en avestruces y ocultan
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