• miércoles 04 de noviembre 2020
    Cuenca y recuerdos
    La última vez que estuve en Cuenca llovía. Yo miraba las gotas de lluvia resbalar por la ventana mientras esperaba a que me recogieran. Las gotas formaban hilos de agua que se unían y desunían en el vidrio. Agua. Recordé al río Tomebamba a cuyas orillas había caminado esa mañana. Un río que, junto con sus otros hermanos, Tarqui, Yanuncay y Machángara, han surcado la ciudad durante milenios. Profundos o ligeros, los ríos siempre están jugando con sus aguas, recorriendo Santa Ana de los Ríos de Cuenca, la ciudad de la literatura, los dulces, los sombreros de paja toquilla, los bordados, las joyas en filigrana, las artes en pintura, cuero y madera. Ciudad que tuvo otros nombres en otros lapsos de tiempo: Guapondelig, de los cañari, Tomebamba, de los incas y finalmente Cuenca en honor a la ciudad de Cuenca en España, cuna del virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, quien envió a Gil Ramírez Dávalos a fundarla en 1557. Este 3 de noviembre se conmemora la independencia de Cuenca, en 1820
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  • lunes 19 de octubre 2020
    La división protectora de Quito
    Una vez independizado Guayaquil el 9 de Octubre de 1820, nombraron a León de Febres Cordero jefe superior de la provincia, pero este se negó a aceptar el cargo. Entonces nombraron una junta gubernativa que emitió un decreto convocando que, el siguiente mes, el 8 de noviembre, se conformara una junta suprema. Fue elegido presidente José Joaquín de Olmedo. En lo primero que pensaron los patriotas del 9 de Octubre, fue en extender la libertad al resto de los pueblos de la Sierra, para lo cual organizaron un ejército llamado División Protectora de Quito. Quito era el nombre general de nuestro territorio. Este ejército, formado por voluntarios de Guayaquil y muchos otros pueblos de la Costa, estaba al mando del capitán Luis de Urdaneta. El objetivo era salir en busca del enemigo español. Desde Las Peñas, el barrio más antiguo de la ciudad, la gente vio alejarse a la División Protectora de Quito, que llevaba la esperanza al resto de la patria. Pero en la llanura de Huachi se encontraron con
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  • viernes 11 de septiembre 2020
    De una carta de Teresa Panza a su marido
    “Tu carta recibí, Sancho mío de mi alma, y yo te prometo y juro como católica cristiana que no faltaron dos dedos para volverme loca de contento. Mira, hermano: cuando llegué a oír que eres gobernador, me pensé allí caer muerta de puro gozo, que ya sabes tú que dicen que así mata la alegría súbita, como el dolor grande. A Sanchica tu hija se le fueron las aguas sin sentirlo de puro contento. El vestido que me enviaste tenía delante, y los corales que me envió mi señora la duquesa al cuello, y las cartas en las manos, y el portador de ellas allí presente, y, con todo eso, creía y pensaba que todo era un sueño… porque ¿quién podía pensar que un pastor de cabras había de venir a ser gobernador de ínsulas?... decía mi madre que era menester vivir mucho par ver mucho... Mi señora duquesa te dirá el deseo que tengo de ir a la corte: mírate en ellos y avísame de tu gusto, que yo procuraré honrarte en ella andando en coche. El cura, el barbero, y bachiller y aún el sacristán no pueden creer qu
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  • lunes 24 de agosto 2020
    El toro, el burro y el gallo
    En la comunidad de Punku Huayko, cantón Ibarra, los techos de las casas tienen un particular, siempre tienen un adorno: un toro, un burrito o un gallo. Josefina Criollo, una vecina del lugar, me cuenta que el toro representa el valor y la buena energía -contra el “mal de ojo”-, el burro significa el trabajo que trae comida a un hogar, y el gallo representa la fortuna y la prosperidad, porque con su canto llama a la buena suerte. Todo esto es necesario para las personas que ocuparán la nueva vivienda. Generalmente, la “puesta del techo” se hace por medio de una minga de amigos y vecinos, y es en la última teja donde van estas figuras de barro adornadas con papel brillante y banderitas del Ecuador. La última teja la coloca el familiar de más edad, después de haberle llevado a misa para hacerle bendecir. Una vez colocada la teja, y antes del huasipichay, la familia aromatiza la casa quemando palosanto e incienso. Este ritual garantizará que vivan en paz y armonía. Poco después la fiesta c
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  • lunes 27 de julio 2020
    De una enseñanza judía
    Samuel ibn Angela, fue uno de los grandes líderes judíos del Siglo XI. También fue poeta y visir del rey de Granada. Un día el rey escuchó a un enemigo de Samuel maldecirlo a él y a su pueblo. Por lealtad a su visir, e indignado por tan descarada falta de respeto a una persona favorecida por el rey, el monarca ordenó que se le cortara la lengua al hombre que había ofendido al visir. Después le dio la potestad a Samuel para hacer ejecutar la sentencia. En vez de ordenar que se le cortara la lengua, Samuel trató al hombre con tanta bondad que se convirtió en un leal amigo. Cuando el rey vio que el hombre todavía tenía la lengua y que parecía ser amigo de Samuel, expresó su sorpresa porque su orden no se había llevado a cabo. “Majestad,” contestó Samuel, “He cumplido vuestra orden. Le he sacado su malvada lengua, como lo ordenasteis y le he dado una bondadosa”. La enseñanza continúa diciendo: “Muchas de nuestras acciones producen cambios en nosotros y en quienes nos rodean. Nuestra tarea,
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  • lunes 20 de julio 2020
    Sabotaje a la Educación
    ¡Matar a los libros es un crimen! ¡Es matar a la educación y a la cultura! ¡Es promover la barbarie! Estas leyes son las nuevas fogatas donde se quemará a los libros antes de mantener el hábito de la lectura. Hábito que desaparecerá a pesar de habérselo logrado con el gran esfuerzo de escritores, ilustradores y editoriales. El Gobierno debe evitar caer en el error de mirar a la educación presencial como sinónimo de ‘libro’, y a la virtual limitarla únicamente al acceso a Internet. El texto escolar es un mediador, una guía para el docente, el estudiante o para la persona que lo ayuda en su aprendizaje. No en vano hay equipos expertos que se especializan en estos procesos justamente para asegurar la calidad en cada recurso. Un estudio realizado establece que las familias utilizan los libros como una herramienta. Los resultados obtenidos indicaron que la mayoría de los padres y de los docentes encuestados consideran que no sería positiva una enseñanza sin libros. En este análisis queda en
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  • lunes 13 de julio 2020
    Fábula de Otavalo
    Un gallinazo volaba sobre la laguna de Inbacucha, cuando vio a una garza entre las totoras. Sus plumas blancas brillaban con la luz del sol. El gallinazo pensó que le gustaría ser amigo de ella. Sin embargo, vio su reflejo en el agua. “¡Pero, que feo soy!”, se dijo tristemente, y se puso a volar sin atreverse a hablar con la garza, hasta que esta lo llamó: “Oye, gallinazo, baja de una vez”. El gallinazo se acercó a la garza. “Garza, ¿qué haces para que tus plumas sean tan blancas y bonitas?”, preguntó y añadió que él quería tener las plumas como las de ella. “¿Por qué, si tus plumas también son muy bonitas? ¡Son negras y brillan como obsidianas!”. El gallinazo respondió: “Deseo parecerme a ti”. La garza pensó que ella nadaba cuando había luna. ¡Los rayos de luna volvían a sus plumas blancas! Así que aconsejó al gallinazo hacer lo mismo. El gallinazo esperó a que hubiera una noche de luna y se metió en la laguna mientras dejaba que los rayos de luna iluminaran su cuerpo. Pero… se hundió
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  • lunes 06 de julio 2020
    De libros y columpios
    Pienso que si a un libro no lo leen, sus personajes mueren. Sé que es algo debatible, pero así lo siento. Hoy pasé por un parque y vi los columpios meciéndose solos, empujados por el viento. Pensé si tendría relación mi idea de los personajes de los libros con los columpios vacíos, y me dije que posiblemente así era. Esto me recordó a mi columpio en el jardín de la casa de mis abuelos. Lo construyó Papá Chas con una tabla bien lijada y pintada de verde que amarró con sogas a los palos que sostenían las plantas de uvas. (Sí, en la Mariscal se daban uvas, pequeñas y ácidas.) Yo adoraba a aquel columpio. Es maravilloso leer columpiándose. En los momentos menos emocionantes solo te meces, y al entrar en un peligro te empujas con fuerza y estás cabalgando. Entonces, mi mamá fue a ver la película ‘Lo que el viento se llevó’: la hija de la heroína muere al caerse de un caballo y por esa extraña lógica de los adultos, me quitaron mi columpio. No hubo lágrimas que consiguieran que volviera a co
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  • jueves 02 de julio 2020
    Lo que la historia escoge
    Quizás en el Ecuador existe racismo por ignorancia, porque la historia escoge qué relatar. Una gran mayoría de la gente niega que haya habido esclavitud. Les encanta la historia del naufragio de un barco lleno de esclavos delante de las costas de Esmeraldas. Ese fue un pequeño grupo, pero nada se dice de los esclavos que fueron traídos a esa misma provincia a trabajar minando oro. Tampoco cuenta de los llevados al Chota, el valle que recibió su nombre por la cacica de Mira, doña Angelina Chota; se lo conoció también como Coangue, que significa “lugar de fiebres malignas”, pero el nombre más apropiado durante dos siglos y medio fue el de ‘Valle del dolor y la muerte’. En 1575 llegaron los primeros esclavos: minas, chalás, mondongos, caravelíes, yorubas y congos; comprados en los mercados de Popayán y Buga, en Colombia, y traídos por los jesuitas para trabajar en las plantaciones de caña y algodón. También se olvida a los ‘negros alzados de La Tolita’, apodados así por el ejército españo
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  • jueves 25 de junio 2020
    Mensaje a mi padre
    Yo no te recuerdo. Tenía un año cuando partiste justamente en mi cumpleaños. Tus sueños de aviador quedaron incrustados en las faldas del Tungurahua en un ala del avión que aún brilla en los días despejados. Trato de recordar tu rostro porque dicen que en algún lugar de la memoria guardamos recuerdos aún a tierna edad. Mas no puedo. El rostro que llega a mí mente es el de las fotos, especialmente la que estás sonreído delante de un bimotor de los años cuarenta, con tu chaqueta y tu casco de cuero con gafas redondas. ¡Te ves tan joven! Tengo otras donde me cargas en tus brazos y me miras con un amor que traspasa el vidrio. Sé que me decías “reinita”, pero no recuerdo tu voz. Que me cantabas, pero no recuerdo la canción. Que me mecías para que me durmiera, pero no recuerdo tu calor. No pudiste enseñarme a montar en bicicleta, ni a jugar tenis que tanto te gustaba. Ni pudiste enjugar mis lágrimas cuando me lastimaba. Tuve un gran abuelo que me quiso mucho, pero tú no estabas. Nunca me oís
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