La ceremonia del té es parte de Quito

Cultura. La casa de té M ì Chá abrió un espacio para relacionarse con la cultura china a través de la degustación de la bebida característica del país asiático.
Galo Paguay/FAMILIA

La casa del té Mi Chá queda en el norte de Quito.

24 de diciembre de 2021 18:41
Carolina Castillo

En la vida hay cinco elementos, dice Felipe Cao, un ciudadano chino que llegó a Ecuador hace 19 años. El primer elemento es la leña. Tener este material significa poder cocinar y, por ende, que no se consumen los alimentos crudos como los animales.

El segundo elemento es el arroz. Contar con este producto quiere decir que el ser humano no solo consume frutas o peces.

El tercero es el aceite, que permite una mejor cocción de la comida y, por lo tanto, un sabor más rico. Para la sazón está el cuatro elemento, que es la sal.

En una época, este producto era tan valorado como el oro o el dinero. El quinto elemento es el té, porque se considera un remedio para el frío, el calor, la digestión y la calidad de vida.

De allí parte la fascinación de la cultura china por este producto. El es historia.

China enviaba cargamentos de seda, cerámica y té hacia Europa para intercambio cultural y comercio. El país tiene más de

2 000 especies de este producto. Catorce provincias al sur de China se dedican a su cultivo.

Sin embargo, en otros países la gente solo conoce sus distintos tipos por sus colores, es decir, rojo, verde y negro. Hay de jazmín, ginseng, ‘pu-ehr’, frutas, rosas, dátil, crisantemo, etc.

Su producción no usa químicos. El proceso es sembrar, cultivar, cosechar, guardar las hojas en un lugar fresco para que se sequen, compactarlas para almacenar y tostar en una olla de cobre.

Hay dos cosechas por año y todo el proceso es a mano. Así se evita el ingreso de elementos ajenos a la bebida.

En el imaginario popular, la ceremonia para tomar té se presenta como algo excesivamente solemne. Sin embargo, Cao subraya que no es así, que depende de cada persona.

Es un momento para compartir con amigos, para encontrarse y charlar, comenta. Aunque sí tiene sus particularidades.

Una es la estructura donde se prepara. Se trata de una mesa de madera, de unos 50 cm de alto que tiene una hornilla eléctrica y un grifo de agua incluidos.

De allí salen el agua y el calor para hervirla dentro de una tetera que puede ser de cobre, si se quiere ser fiel a la tradición, o de aluminio, como las actuales.

En el centro se colocan las tazas y la jarra para la preparación y el servicio. Abajo hay un sistema de drenaje que recoge los líquidos que se riegan. Cao tiene una mesa en su oficina, casa y negocio.

Otra particularidad está en la preparación. Tras calentar el agua, se sirve la bebida tres veces.

La primera es para lavar las tazas. Sin jabón, solo con el líquido hirviendo y frente al comensal.

La segunda no es para aseo, pero no se toma porque la infusión no está lo suficientemente concentrada, así que también se deja correr. La tercera sí es para beber.

No lleva azúcar. El té rojo requiere 90 grados o más y el verde, 80, además de diferentes tazas.

Al servir se llena solo un poco más de la mitad, a diferencia del licor, que debe estar al límite del vaso. Se lo reparte de derecha a izquierda.

Primero a la persona de más edad en la mesa. Si hay mujeres se inicia con ellas.

Los menores de 16 años no pueden beberlo frente a los demás invitados debido a su edad. Es una cuestión de respeto, explica Cao. Pero sí pueden servirlo.

Para degustar la bebida, el proceso es tomar la taza con ambas manos, olerlo y luego ingerirlo. No existe un banquete formal en China donde falte una taza de té. F

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