Un nacimiento gigante

2012-08-19 05:00:00
Gabriela Vivanco

UN NACIMIENTO GIGANTEDesde hace 15 años Mónica y su familia recrean un mundo de fantasía..

Unas 800 piezas son parte del mundo en miniatura que cubre toda una habitación de la casa de Mónica Viteri. El pesebre gigante -que construye desde hace 15 años con la ayuda de sus hijas y su esposo- es una de las atracciones del barrio Dammer II, en el norte de la ciudad de Quito.

Con la llegada de diciembre, su familia, amigos y vecinos aprovechan la época de festividades para hacerle una visita y de paso contemplar y disfrutar de las cerca de 20 escenas que se recrean.

Pueblos enteros con sus panaderías, graneros, parques, cocinas, establos, pescaderías y demás van saliendo de unas cajas numeradas para colocarse sobre una estructura de tablones cubierta con papel. Cerca de unas dos semanas dura el proceso de dar vida a este nacimiento gigante.

Mónica es la arquitecta, decoradora y hasta electricista de este mundo navideño. Sus hijas Simonne y María Salomé son las encargadas de detalles como la confección de diminutos sacos de harina que cargan los caballitos de plástico, de cerámica y de madera.

En tanto, Jaime Córdova, su esposo, es el financista de esta afición que Mónica heredó de su madre, de quien conserva los pliegos de papel pintados de color verde con los que arma el lugar más importante del pesebre: el altar donde reposan las figuras del Niñito, la Virgen y San José. Esta especie de telón lleva en la familia cerca de 30 años.

El armado de este espacio empieza a mediados de noviembre y dura hasta la segunda semana de enero. Durante esas noches, la familia se toma un tiempo para admirar las luces que salen de las casitas, los carruseles y los columpios.

El rincón favorito de Mónica es aquel en el que unos 20 borregos están colocados. Unos como si bebieran de un lago, otros con la mirada fija en la cuna del Niño Dios y algunos más recostados sobre el césped.

Para esta fanática de la Navidad, lo más difícil de su tarea es encontrar figuras de animalitos, generalmente las adquiere en tiendas de juguetes, pues según su experiencia poco a poco se va perdiendo la costumbre de armar pesebres. Por ello Jaime, Simonne y María Salomé saben que el mejor regalo que ella puede recibir es una pieza más que alimente este universo de fantasía.

Es un espacio para volver a ser niño, para entretenerse y dejarse atrapar por cientos de luces.F

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