La comida no debe ser un castigo para los niños

La alimentación y el afecto son dos necesidades básicas que no pueden constituir premios o castigos
urridos, tristes o felices se les suele ofrecer alimentos altos en azúcar y procesados que generan una sensación de recompensa inmediata en el organismo. Foto: Unsplash

Cuando los niños están aburridos, tristes o felices se les suele ofrecer alimentos altos en azúcar y procesados que generan una sensación de recompensa inmediata en el organismo. Foto: Unsplash

12 de junio de 2020 11:38

Redacción Familia (I)
Desde temprana edad, una de las preocupaciones más grandes de los padres es lograr que sus hijos tengan una nutrición adecuada. Intentan ofrecerles productos de todos los grupos alimenticios para asegurar el buen funcionamiento de su organismo. Sin embargo, muchas veces en este proceso se puede cultivar también una relación inadecuada con la comida

Hay padres que acostumbran a utilizar la comida como un premio o castigo para los niños, según Lidia García Asensi, especialista en psicología clínica de Psicología y Mente. Les ofrecen dulces o golosinas para premiar buenos comportamientos y asocian las verduras con consecuencias por malas conductas.

Cuando los niños están aburridos, tristes o felices se les suele ofrecer alimentos altos en azúcar y procesados que generan una sensación de recompensa inmediata en el organismo

"Lo que estamos haciendo es enseñar a nuestros hijos a gestionar las emociones a través de la comida y asociar determinados alimentos como negativos y otros como positivos. Este tipo de castigo es un grave error que a largo plazo puede generar problemas. Estaremos condicionando las conductas al privilegio de comer un dulce o simplemente de comer", dice la especialista. 

El problema radica en que la alimentación es una necesidad básica y no debe utilizarse para regular el estrés o la ansiedad. El resultado puede ser que en el futuro los chicos buscarán llenar vacíos emocionales con comida. Ahí pueden aparecer problemas de sobrepeso y obesidad

"Es necesario que los niños estén inquietos, aburridos y que tengan rabietas y naturalmente somos nosotros los que tenemos que calmar a nuestros hijos, ya que somos su fuente reguladora de emociones. Cómo ellos aprendan a regular las emociones de niños, así las regularán de adultos", indica. 

Para la especialista, es importante que los padres entiendan que no se puede castigar ni premiar a los hijos ni con comida ni con afecto. Estas son dos necesidades importantes que se deben satisfacer independientemente del buen o mal comportamiento. 

Si los niños se sienten ansiosos o tristes es importante que aprendan a reconocer esas emociones, expresarlas y buscarles una solución sana. De igual forma, si un pequeño se porta mal, la consecuencia debe estar relacionada a esa acción. Si dejó los juguetes regados por la sala lo adecuado sería hacer que él o ella se encarguen de poner en orden el lugar. 

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