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| Viernes, 07 de Septiembre de 2012 00:00 | ||||
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GALLO JIRO' INVENTÓ UN REQUINTO INVISIBLE
Por Arturo Cervantes El famoso ‘Gallo Jiro' -como le dicen- recita amorfinos como los dioses y ‘toca' un requinto invisible, pero no recuerda su edad. "Tengo 40 y pico", especula, tantea y luego se le ocurre decir: "¡Voy a traer mi cédula para que vea!". Al instante regresa con "eso". Así denomina a su documento de identidad, que para él significa un objeto extraño, indescifrable. Luis Moncada Miranda -su nombre real- no sabe leer ni escribir. Su cédula registra un incómodo silencio en el espacio destinado para firmar el documento. El documento dice que tiene 63 años. Nació el 2 de noviembre de 1948. Aunque esa es una fecha tentativa: como suele ocurrir con la mayoría de moradores del recinto costeño donde vive, recién fue inscrito en el Registro Civil en su adolescencia, cuando su madre ya no recordaba la fecha exacta en que dio a luz a su hijo. Dice, a manera de presentación, que es gallero, recitador de amorfinos, instrumentista que no emplea instrumentos y cantante de pasillos. Toda su vida ha transcurrido en el recinto montubio Boca de Caña, ubicado en el cantón Samborondón, a 30 minutos del centro de Guayaquil. Tiene una casa de caña pintada con un azul desaliñado. Vive junto con su madre, Ceneide Miranda Jiménez, que dice tener 104 años, y con cinco gallos. "Cuidado con los gallos, que son mañosos", nos advierte. Luego enseña a su preferido: un gallo chileno que ha salido airoso en sus cuatro últimas batallas. Le ha hecho ganar USD 400 en las apuestas que realiza cada sábado. Tiene plumas blancas y negras. También dos espuelas tan afiladas como navajas. Lo alimenta con arroz, que abunda en este sector. Al rato amarra al animal -con un extenso cordón de zapato- al tronco de un árbol de mango que tiene en afuera de su casa. Se sienta en un banco de madera y empieza a entonar su requinto invisible. Estira su mano izquierda y realiza un arpegio sin cuerdas. Con su derecha rasguea el aire. Y con su boca ejecuta un sonido idéntico al de un requinto. Aunque parezca imposible, su instrumento imaginario también se desafina. Ocurre cuando la garganta de ‘Gallo Jiro' amanece congestionada. A los 14 años descubrió que no era necesario comprar un requinto para interpretarlo. Su padre no estaba en posibilidades de adquirir uno. Entonces, ‘Gallo Jiro' llevó a cabo la idea más barata y original que se le pudo ocurrir: ejecutar el sonido con su paladar. "Tilirinrín tililirinrín tlin tlin tlin", imita con diferentes tonos el gallero. Canta el pasillo Amor de pobre y, a la vez, musicaliza la letra con el instrumento que sólo él puede ver. "Yo nací de pobre/ así quiso el destino/ mas también los pobres tienen derecho a amar"; "tilirinrín... tiliririrín, tiliririrín". "¡Ese ‘Gallo Jiro'! ¡Famoso!", le grita una vecina al observar los flashes que rebotan en su sombrero de cuero plomo con plumas de gallo en la parte posterior. Luego declama algunos amorfinos que presentó en el IX Encuentro Internacional de Narradores Orales Un Cerro de Cuentos, que la semana pasada tuvo como sede al cantón donde vive. Se retira de su hogar. Estira su brazo para detener a una tricimoto. Son motocicletas, típicas en el sector, que tienen incorporado un pequeño balde para llevar gallos, pollos y personas, de un lugar al otro, a cambio de USD 0,25. ‘Gallo Jiro' se dirige "monte arriba". Tiene dos cuadras de campo con siembras de un arroz invadido por una fulminante plaga de caracoles rosados. Se sienta a mirar el campo. Lo mira con ternura. Dice que se lo dejó como herencia su padre. Recuerda su juventud. A las primeras mujeres que conquistó enviando amorfinos con dedicatorias a través de Radio Cristal, el Facebook de la época. "No llegué a casarme con ninguna. Soy estéril". ( 2 Votos ) |

