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| Viernes, 17 de Agosto de 2012 00:00 | ||||
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LECTURA: por placer, no por deber
Pero en esa tecnología Roberto Giler, profesor de secundaria, también halla una vía de acercamiento a la lectura, para perderle el miedo a los libros. Los juegos en línea, God of War por mencionar uno, son historias que buscan ser construidas, contadas y leídas; mientras que las referencias en Los Simpsons o Futurama aproximan, de forma paródica, al contenido de los clásicos. En su caso no empezó a leer por ahí, él -confiesa- se lo debe a las historias tradicionales y de terror muy insertas en la narración oral manabita, que su abuelo le contaba y que ahora pueblan sus recuerdos. Para la escritora y editora Leonor Bravo, quien además es organizadora de la Maratón del Cuento, su infancia fue tiempo de escuchar de su madre los cuentos de Perrault y de su padre episodios de ‘El Quijote'. Si ‘Mujercitas' se cruzó en su camino la cotejaba con los libros de texto que leía en la escuela, donde las clases de historia también eran cuentos bajo la animada lectura de una profesora de 4° grado a la cual guarda en la memoria. Giler y Chávez no recuerdan a profesor alguno y menos un incentivo en la escuela; la casa y los amigos con quienes compartían lecturas e intereses les fueron moldeando como lectores. Como bibliotecario, Chávez se ha dado cuenta de que la gente llega tarde a la lectura por placer, eso responde -según él- a la idea de que los libros están pensados para hacer buenas personas y no buenos lectores, es decir que es más importante leer para ser ecológico u otras cosas y no leer como un acto sensual y sensitivo; cuando la lectura es el espacio único de libertad. Y cómo guiarse por la libertad si no por el placer. Tanto el placer estético de las formas, como "el placer que brinda el conocimiento", así como lo apunta Bravo. Ella considera que hay predisposición a la lectura en unas personas más que en otras (algo que ella liga al desarrollo de distintas inteligencias) y que las segundas igualmente pueden ser incentivadas hacia ella, más que nada como un derecho humano en tiempos donde la lectura y la escritura no son opcionales. El acercamiento a la lectura es una ruta que lleva la marca de la personalidad de quien camina, para que ese recorrido empiece bien está el impulso del placer; el deber no cabe, pues con su peso empantana y convierte la experiencia en un ejercicio frío de resúmenes y calificaciones. Es decir, la lectura como una forma de vivir mejor, como un ritmo de encuentros y descubrimientos, como goce y conocimiento.
Al introducir a un niño a la lectura es bueno suscitar interés, por ejemplo, leer una historia y dejar el final desconocido o abierto. Leerles a los niños en voz alta aunque no comprendan el significado de las palabras.
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