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Lunes, 30 de Julio de 2012 00:00

LOS TRES P: PROFESORES, PERIODISTAS Y POLÍTICOS

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¿Qué tienen estos grupos en común? Mucho más de lo que usted y de lo que ellos mismos creen.

Por: Rosa María Torres

Los tres P tienen enorme influencia -positiva o negativa- sobre la información, la educación, la cultura, la ideología, los gustos y preferencias de la población. Los tres moldean valores, aptitudes y actitudes, forman opinión, se perfilan como modelos o antimodelos para niños, jóvenes y adultos.

No solo el sistema escolar cumple una función educativa; también el sistema informativo y el político. Si se quiere elevar el nivel educativo y cultural de la población, y fortalecer el desarrollo de una cultura ciudadana, es indispensable transformar no solo las aulas sino también los medios y el andamiaje político. No solo los profesores tienen que ver con la educación: también los periodistas y los políticos. No solo los periodistas hacen información y comunicación: también los profesores y los políticos. No solo los políticos tienen poder y toman decisiones que afectan la vida de millones de personas; también los profesores y los periodistas. No solo la mala educación maleduca o deseduca; también el mal periodismo y la mala política.

Formal y teóricamente capacitados para la tarea, los profesores son los encargados de la enseñanza en el sistema escolar, a los distintos niveles, incluyendo la educación superior. De la calidad de ella depende, en gran medida, la calidad de la educación en las aulas, mucho más que del currículo, la infraestructura o el equipamiento. Los países con los mejores sistemas escolares son los que han priorizado la inversión en profesionalización, calidad y condiciones laborales de los docentes.

Los tres: profesores, periodistas y políticos son formadores y multiplicadores, tienen enorme influencia sobre mentes y valores de mucha gente: los profesores desde las aulas, los periodistas desde los medios, los políticos desde las múltiples tribunas y espacios estatales/gubernamentales/públicos, con muchos más recursos que profesores y periodistas. Profesores y periodistas deben estudiar para poder ejercer profesionalmente como tales; para político no se estudia, basta ganar votaciones -no importa cómo-, establecer alianzas -no importa con quién-, contratar asesores mediáticos, invertir en imagen. De los tres P se espera un buen nivel educativo y una amplia cultura general, formación profesional, valores ejemplares, buen manejo de la lengua oral y escrita. En la realidad, no obstante, los P de carne y hueso dejan a menudo mucho que desear: profesores que no saben enseñar, periodistas que no saben informar ni comunicar, políticos que no son ejemplo de nada.

Para profesores, periodistas y políticos son esenciales la credibilidad, la aprobación y la validación social. Los profesores, monitoreados y controlados por los políticos y las políticas, son hoy obligados a mostrar su valía profesional y su ‘desempeño' a través de pruebas y puntajes, los suyos propios y los de sus alumnos. Ni periodistas ni políticos son sometidos a evaluaciones de sus saberes, competencias y desempeños. Deberían.

La enseñanza, el periodismo y la política son oficios de gran responsabilidad social; requieren entereza moral y ética, empatía, capacidad de análisis, observación y escucha, vocación de diálogo, rigurosidad, profesionalismo. No obstante, en los tres casos los filtros de selección son tenues o inexistentes, especialmente en el caso de los políticos. Llegan a cargos de alta responsabilidad presidentes, ministros, congresistas, embajadores, asesores, etc., sujetos sin experiencia que desconocen el asunto para el cual son designados y/o que carecen de la probidad moral requerida. Ahí están asimismo los periodistas que no saben expresarse oralmente ni escribir correctamente, tienen errores de ortografía, copian, plagian, confunden hecho y opinión, compiten por la primicia antes que por la consistencia de la información. Ahí están también los profesores que ejercen el oficio con grandes lagunas de conocimiento, dejan de leer y de aprender, son incapaces de inspirar a sus alumnos y contrarían las normas más elementales de la pedagogía.

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