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| Domingo, 08 de Julio de 2012 00:00 | ||||
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‘GRACIAS A LA PACHA MAMA'
Por: Alegría Ortiz
Cotacachi, Imbabura. Justo al mediodía del último viernes de junio, caminando sin prisa por la calle Antonio José de Sucre... Un grupo de personas vestidas con zamarros (pantalón de piel), sombreros, látigos y camisas blancas, se desplazan sin que nada las detenga. Con recelo a ser arrastrada por la multitud, me detengo en el zaguán de una casa a verlas pasar. A medida que se acercan escucho cánticos en quichua, el sonido de instrumentos y el zapateo de su andar. Pasan por mi lado unos 200 hombres y niños indígenas rurales de la comunidad El Topo, los ‘de arriba'. Conocidos así porque viven en las faldas del volcán Cotacachi. Los sigo de cerca junto a un grupo de mujeres y niñas indígenas. Son las madres, esposas, hijas, sobrinas, hermanas y nietas de ese grupo de hombres. Después de caminar/marchar/zapatear por un par de kilómetros, la comunidad llega a la Plaza Matriz, la plaza central de Cotacachi. Son las 13:00. Al llegar, los de El Topo se suman a otras comunidades ‘de arriba' y continúan, en una de las esquinas, con su danza y cánticos. Se mueven en círculo. Primero para la derecha y luego para la izquierda. Muchos cargan botellas llenas de la bebida típica de la fiesta del Inti Raymi: la chicha fermentada. En la plaza hay miles de personas que esperan la llegada del resto de las comunidades ‘de arriba'. Lo hacen paradas en las aceras, en las escaleras de la iglesia, sobre sillas de plástico y en cualquier lugar donde haya espacio y buena vista. Este ‘espectáculo' es la toma de la plaza. En ella, las comunidades ‘de arriba' y ‘de abajo' de Cotacachi se disputan por el derecho de bailar primero en la plaza. Es decir, el que primero llega gana ese derecho. En el lugar se siente una energía inexplicable. Se vive cada instante que transcurre. Son unas 5 000 personas reunidas en un solo sitio. Unas miran mientras los hombres bailan en demostración de poder. Todos transmiten, a través de este ritual, esa fuerza y sensación de dominio, es el momento de la visibilización del indígena. Después de unos 15 minutos de cánticos, zapateo y de agitar sus látigos, la comunidad se mueve de esquina y repite lo mismo. Así lo hace el resto, hasta completar tres vueltas alrededor de la plaza. ‘¿Y las comunidades ‘de abajo'?', pregunto. Están en una ‘cantina', descansando y preparándose para ir a la plaza y arrancar con su ritual cuando los ‘de arriba' se hayan ido. A las 14:00, las comunidades se retiran. Camino con ellos hacia una ‘cantina' ubicada a tres cuadras de la plaza. El lugar es un terreno baldío al que las mujeres han adecuado para que los hombres descansen y se alimenten. Es un almuerzo comunitario en el que hombres, mujeres y niños se mezclan. En el piso, sobre una tela blanca de unos 10 metros de largo, hay comida: mote, papas, carne y huevo. La chicha también está presente. Un maestro de ceremonia bendice la mesa y todos agarran un puñado de comida y un vaso de ese licor. A las 15:30 cuatro hombres tocan la flauta y anuncian el regreso a la plaza. Ahí bailan otra vez hasta las 17:00. Después de una larga jornada de baile, cánticos y bebida se retiran a sus casas. Mañana será otra intensa jornada de fiesta. ( 3 Votos ) |


