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Domingo, 29 de Enero de 2012 00:00 |
CABALGANDO SOBRE LIBROS

La revista y la librería con nombre Rocinante complementan la Campaña de Lectura Eugenio Espejo.
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Qué mejor caballo que Rocinante, el flaco rocín del Quijote, para emprender sobre él los más fabulosos periplos. Por eso no resulta extraño que la librería y cafetería, ubicada en la esquina de las calles Tamayo y Baquerizo Moreno, en Quito, así como la revista de la Campaña de Lectura EugenioEspejo, acojan su nombre para llevarnos a galopar en el reino de las letras.
Tanto la revista mensual especializada en temas de literatura como la librería son parte del esfuerzo que inició el escritor y editor quiteño Iván Égüez, cuando hacia 1998 impulsó la publicación de los ‘periolibros' con diario El Universo y, más tarde, la distribución masiva de libros a través de empresas de servicio público con la campaña por la lectura que lleva el nombre del precursor de la Independencia, Eugenio Espejo.
"Siempre he girado alrededor del libro, ya sea como autor, editor o difusor, pero sobre todo como lector; cuando terminaba de leer un buen libro sentía una frustración al no poder compartirlo con otros", confiesa el autor de las novelas ‘La Linares' y ‘Pájara la memoria'. Sobre la lectura advierte: "Es un poder secreto. Abre caminos insospechados. Te lleva a saber más del otro y más de ti mismo, es decir, más de la vida. Es uno de los pocos espacios de espiritualidad laica que quedan en este mundo cada vez más deshumanizado. Por eso era necesario hacer una campaña por la lectura con libros y autores ecuatorianos". Y así fue. Sobre todo al principio cuando se hizo énfasis en los clásicos ecuatorianos; ahora disponen de una colección en la que se alternan clásicos universales con autores ecuatorianos contemporáneos.
La revista Rocinante, que nació en el 2008, surgió de la utopía de tener una revista masiva sobre literatura. Distante de esas publicaciones ladrillo que ni los académicos pueden digerir y sin esos "análisis literarios con carbono 14", como bromea Égüez, Rocinante se ha perfilado como una revista amigable, en la que el tema del libro fluye como una conversación de sobremesa, entre café o espirituosas bebidas. Ahí es donde aparece la necesidad de encontrar un refugio para otra utopía más: una librería y cafetería cultural, concebida como un centro de atención al lector, donde los libros son baratos y de buena calidad. Como jinete de este corcel está otro laureado escritor quiteño, Carlos Vallejo, quien administra este espacio donde también se celebran recitales de poesía, talleres literarios, capacitaciones a maestros, conferencias y lanzamientos. "La cosificación de los libros es el opuesto a lo que brindamos en Rocinante", señala Vallejo. "Este es un punto de encuentro entre los autores, el público y los libros", para compartir el placer de sentirse vivos entre los mundos de tinta y papel.
TeNGA EN CUeNTA
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CARLOS VALLEJO, ESCRITOR QUITEÑO LA LECTURA NOS HACE MÁS HUMANOS La lectura es un arte de desciframiento que resulta encantador. Pero también es descubrir los matices y darnos la oportunidad de expandir nuestro abanico de percepciones: aprender nuevos modos de llorar, de reír o de enojarse. Es engrandecer la condición humana. Cada vez que uno acaba de leer un libro, termina más lleno, más alto, más conectado con el misterio y percibiendo nuevas fronteras.
Esa curiosidad nos hace sentir vivos. Eso representa la lectura, y la lectura en un sentido amplio. No se trata de leer simplemente libros, sino de leer unos ojos, las hojas cuando caen, la lectura de los caminos, de las nubes y los rótulos. La lectura del tacto, de los sabores, de los sentidos, potenciados con esto que se llama libro y que es la herramienta paradigmática de la modernidad, provocando el giro de la humanidad hacia la socialización de los conocimientos.
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