Quito,
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Domingo, 05 de Agosto de 2012 00:00

ÁRBOLES DE QUITO UN LEGADO HISTÓRICO

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La ciudad tiene 303 árboles considerados patrimonios naturales.

Los árboles de la ciudad se visibilizan ante la mirada del caminante, quien se apresta a un recorrido para mirar los más emblemáticos y majestuosos del Centro.

En su itinerario, el visitante llegará a conocer que en la capital de Ecuador hay 303 árboles patrimoniales, ejemplares destacados que tienen contacto con la comunidad y que están relacionados con la historia de la ciudad. Pero en un primer momento, solo siente una brisa fuerte y un impulso para transitar por Quito y saber más sobre estas columnas de la vida, cuya patrimonialidad se definió desde el 2006 por el programa Árboles y Palmeras de Quito, dirigido por Sofía Paredes, arboricultora de la Fundación Botánica de los Andes.

El caminante está parado en la calle García Moreno, entre Espejo y Sucre, donde ahora funciona el Centro Cultural Metropolitano. Él se deja conmover por las altas dimensiones de las araucarias, cuyas ramas forman ángulos de 90 grados y sus troncos pueden alcanzar los dos metros de diámetro. Parado en frente, cierra los ojos y comienza a recordar la leyenda: esta especie es originaria de la región chilena de Arauco, donde hace mucho tiempo sus ramas se balanceaban al compás del canto y sus frutos caían al pueblo.

A esta especie también se la encuentra en las calles Venezuela y Chile, un lugar histórico de la capital, donde convergen el poder y la religiosidad. Desde lo alto del monasterio de La Concepción, construido hace 435 años, el caminante admira el tamaño de las araucarias. Mientras las observa, ratifica su pensamiento: son patrimoniales por su dimensión y porte.

El caminante se aleja del monasterio más antiguo de la cuidad y recorre media cuadra de la calle García Moreno hacia el norte, hasta llegar a la Olmedo. Una casona con fachada sencilla lo detiene y un olor dulce incita su ingreso. Está en la Casa del Higo, una pequeña edificación construida a finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, en donde se ha plantado un árbol de higo.

La alta higuera, ubicada junto a un lavadero de piedra, adorna el patio de la casa, cuya arquitectura ganó el primer lugar del concurso Patios Patrimoniales de Quito en el 2010. Antes de salir, el visitante recorre el segundo piso de la casona. Al bajar se sujeta de las columnas de hierro y madera y se despide del tradicional lugar.

El caminante transita hacia el norte con otra misión: ver las palmeras cococumbi del Parque La Alameda, en la avenida Gran Colombia, nativas y endémicas. En medio del parque, alza su mirada y las admira. Las palmeras tienen tallo delgado y hojas que al abrirse dan frutos. A estas palmeras ya no se las puede encontrar en la naturaleza; su belleza siempre estará acompañada de edificaciones propias de la urbe.

Luego del paseo, se aleja del parque por la avenida Gran Colombia hasta la intersección con la Sodiro. Allí se encuentra uno de los árboles patrimoniales más antiguos. Hace 120 años, el padre Luis Sodiro sembró un ciprés en este lugar. Ese ejemplar ha sobrevivido 1 000 intentos de tala.

La ruta debe seguir con dirección al norte, al parque de El Ejido, a la altura de las avenidas Patria y 6 de Diciembre. El caminante se detiene al ver las secouyas, coníferos que se caracterizan por su longevidad. Se dice que superan los 4 000 años.

Por ahora, el paseo termina. El caminante disfrutó de cinco especies que, por culpa de las prisas del día a día, pasan desapercibidas por los transeúntes. Pero no son los únicos ejemplares. Para una próxima ocasión quedará la visita al árbol más antiguo, el quishuar, ubicado en Puembo y reconocido por sus 300 años. Otro ejemplar importante es un eucalipto, conocido como el árbol solitario ya que está en el cerro de Casitagua, en Pomasqui. En total, Quito tiene 303 árboles catalogados y otros 120 esperan por el reconocimiento. Faltará suela para conocerlos a todos.
TeNGA EN CUeNTA

Mantenimiento
La poda de un árbol permite su cura. Al hacerlo se está velando por su salud.Jorge Polo de la Fundación Botánica de los Andes dice que si no se la realiza adecuadamente, el árbol pierde propiedades.
El arboricultor actúa en cuatro pasos. Ascenso, posicionamiento, poda y descenso. En el tercer paso debe tener cuidado de no dañar el árbol. Otro arboricultor debe acompañar el proceso en el suelo.
Se puede usar canastas mecánicas. El ascenso del arboricultor se realiza cuando el árbol es más grande. No hay un costo fijo del mantenimiento porque depende del daño y del alquiler de la canastilla


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