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| Viernes, 03 de Agosto de 2012 00:00 | ||
COTORREANDO
Quedarse sin palabras... Enmudecer... Es algo que le puede suceder a cualquiera en diversas circunstancias y por razones diferentes. Una imponente puesta del sol, una sorpresa inesperada como el encuentro con un viejo amigo o sacarse el premio gordo de una lotería también puede causar esa instantánea paralización del habla. Sin duda son los momentos de intensa emoción (buena o mala) los que nos dejan alelados, embobados, a tal punto que no logramos decir "mu". Desafortunadamente, también nos quedamos sin habla a causa de los dardos envenenados disparados desde la boca de mucha gente y, en especial, de la de quienes deberían predicar con el ejemplo y, sin embargo, sorprenden negativamente con insultos a diestra y siniestra y muchas veces sin motivo, amparados en condiciones o posiciones de ventaja que utilizan para denigrar, acusar o burlarse de quien ha cometido el ‘grave pecado' de no coincidir con lo que dicen, hacen o dejan de decir o hacer. Pero ¿qué sacamos con el silencio? ¿Por qué debemos enmudecer cuando algo nos parece incorrecto, cuando no estamos de acuerdo con lo que se dice o se hace? Nunca es tarde para retomar la palabra, un derecho y un privilegio al que no tenemos por qué renunciar. ( 5 Votos ) |





