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| Martes, 14 de Febrero de 2012 00:00 | ||
JUGOS PARA EL ALMA
Descifrando el secreto de la felicidad Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿Qué es lo que me hace feliz? Reconocidos psicólogos, sociólogos, biólogos y economistas han intentado dar respuesta a la eterna pregunta, ¿Cuál es el secreto de la felicidad?, o más directamente, ¿Qué debemos hacer para alcanzar la felicidad? Inevitablemente, viene espontánea la pregunta: ¿Será el dinero? Si yo tuviera dinero, haría todo lo que quisiera: viajar por el mundo, compraría todo lo que me gusta; sería independiente y tendría el control de mi existencia. En pocas palabras, el dinero me traería la felicidad, ¿no es así? De manera sorprendente o no, los estudios más recientes nos muestran que una vez que tenemos la cantidad suficiente para llenar las satisfacciones básicas, el dinero deja de ser una fuente de felicidad. ¿Qué podemos decir de nuestro tiempo de ocio? ¿Si trabajáramos menos y si tuviéramos más tiempo libre, llegaríamos a sentir la tan ansiada felicidad? Una por una, los investigadores de la felicidad han desautorizado las teorías más conocidas sobre el camino que nos conduce a ella. Han llegado a la conclusión de que a la larga, las circunstancias como triunfar en la profesión, ser feliz en el matrimonio e incluso gozar de buena salud no nos garantiza la felicidad. Por lo tanto, ¿qué es lo que nos haría felices? Ésta es justamente la pregunta que nos deja sin habla. Por alguna razón, es más sencillo identificar los factores que no nos dan la felicidad, que ofrecer una fórmula práctica para la verdadera felicidad. La felicidad está por doquier dentro de los libros más vendidos, en las mentes de los creadores de políticas sociales, y es el punto central de los economistas, sin embargo, sigue siendo esquiva, entonces ¿Qué podemos hacer para capturar la efímera felicidad? Para descifrar el secreto de la felicidad, debemos descubrir en primer lugar quiénes realmente somos y cuál es nuestra naturaleza, lo cual es muy sencillo: Somos el deseo de recibir. En otras palabras, todos nosotros queremos sentir placer y disfrutar. El deseo de recibir placer constituye toda la sustancia de la Creación, desde el principio hasta el final. Toda la incalculable cantidad de criaturas y sus variedades no son otra cosa sino grados y valores distintos del deseo de recibir. Tal vez estén familiarizados con lo anterior. Pero nuestra naturaleza, el deseo de recibir, es mucho más sofisticada de lo que nos parece. No es tan sólo un deseo constante que siempre nos está dando ligeros codazos para buscar la felicidad. Este deseo de recibir es realmente lo que nos mueve a realizar todo, desde las acciones cotidianas insignificantes, hasta los pensamientos que pasan por nuestra mente. El deseo de recibir busca satisfacción a cada paso y se asegura que no descansemos hasta satisfacer sus demandas. Es el que determina constantemente nuestro estado de ánimo; si lo complacemos, nos sentimos felices, nos sentimos bien, la vida es una canción; pero si no lo hacemos, estamos frustrados, enojados, deprimidos, nos volvemos violentos y hasta con pensamientos suicidas. El célebre autor irlandés Oscar Wilde, definitivamente lo sabía cuando escribió: "En este mundo sólo ocurren dos tragedias. Una, es no conseguir lo que queremos y la otra es conseguirlo. La última es por mucho la peor, es una verdadera tragedia". Puede que ya lo hayas reflexionado: lo que tan a menudo pasa para nosotros inadvertido y lo que por cierto constituye la clave para develar el secreto de la felicidad es el hecho de que, una vez que hemos complacido nuestro deseo de recibir, el placer que en algún momento sentimos, desaparece. ( 24 Votos ) |





