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Domingo, 29 de Enero de 2012 00:00

EXPLOSIÓN DE FORMAS: MARCELO AGUIRRE

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El pintor presentará una exposición y un libro que recogen 25 años de carrera artística, en la Flacso, el 8 de febrero.

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Si, en un ejercicio humilde de análisis, habría que definir la pintura del quiteño Marcelo Aguirre con una sola palabra sería: inquietante.
Es que al mirar sus cuadros se asiste al cruel desencuentro entre imagen y texto, entre lo dicho y lo sugerido, entre la presencia de un paisaje real, y la entelequia de una situación por perfecta, imposible. En la última propuesta de Aguirre hay paisajes andinos que se pueden ubicar en los mapas, ya que fueron vistos y fotografiados por el artista, y luego interpretados en un movimiento de realismo pictórico.

Sin embargo, en esta propuesta no faltan extrañas inclusiones como leyendas recortadas o perros sobrepuestos. Por ejemplo, entre la verde desolación de un paisaje de Papallacta reza un texto: "No te orines contra la silla de la tía, ¿oíste?" Es un perro que se dirige a otro. Ambos han sido montados en el cuadro como un collage, y la silla ha corrido la misma suerte, sobre un fondo de acrílico, de secado rápido.

El texto distrae y complementa, hace de un sencillo fragmento de los Andes una estampa surreal. El artista dice que el texto crea tensión y paradoja, ya que mientras se mira un paisaje, los pensamientos están evocando otras cosas.

Los perros son un ‘leitmotiv' en la obra de Aguirre, ya que hace años él fue víctima del ataque de una jauría. "Salieron seis perros de una mecánica. Me atacaron. Me quedó la imagen de perros que me siguen. Es amenazante". A partir de ese día, los perros han adquirido su propio simbolismo: son a la vez el amigo, el compañero y el animal salvaje y peligroso. Además, están entre la dicotomía de lo natural y lo urbano, lo racional e irracional, la fábula y la praxis.

Con el perro, el artista alcanza a definir todo lo que es el hombre, ya que tiene una expresividad que abarca todas las actividades humanas: sus complejidades, sus matices, sus aspectos psicológicos, políticos, mitológicos.

La obra de Aguirre es su manifiesto de cómo ve la sociedad, su posición como artista frente a un mundo donde las contradicciones son la constante; un mundo intenso, lleno de luz y sombra, de amor y de odio, de desidia y de esperanza. Aunque no se explica cómo, Aguirre siente que vivimos en un mundo en el que siempre hemos estado conectados en distintos niveles: físico, energético, espiritual, y eso no se pierde.

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