Quito,
Viernes, 01 de Diciembre de 2017 00:00

UN ENCUENTRO INTERNACIONAL SINFÓNICO

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Niños y jóvenes de Uruguay, Venezuela y Ecuador se reunieron en Quito.

El primer encuentro de Fernando Erazo con el violín  fue a los 13 años, a través del género musical folk rock. Su banda preferida era Mago de Oz, que le regalaba un sonido que llamaba particularmente su atención.

“Cuando me di cuenta que ese instrumento era un violín, me prometí que debía aprender a tocarlo”, cuenta el joven que ahora tiene 20 años y que estudia este instrumento en un conservatorio de Quito. A los 15 años tuvo su primer violín y a los 16, empezó a aprender.

Ahora se quiere dedicar a la música por siempre y aunque sabe que es un camino difícil, cuenta que prefiere hacer lo que ama que estar atado a algo tan solo por dinero, que es más fácil de conseguir.

Como él, más de 90 niños y jóvenes tienen una historia de amor con la música académica; tanta es su pasión, que ya saben qué quieren ser cuando sean grandes. Pero no esperan a acabar con los estudios regulares, sino que desde su niñez están trabajando por ello.

Por eso fueron escogidos para participar en el II Encuentro de Jóvenes Mitad del Mundo, un evento que reunió a músicos de Ecuador, Uruguay y Venezuela. El objetivo fue intercambiar experiencias, conocimientos y aprender de maestros a través de clases y talleres prácticos. Al final ofrecieron un gran concierto en el Teatro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.  

Uno de los maestros fue Edwin González, venezolano y trompetista, que llegó para perfeccionar la técnica de los chicos. González explica que Venezuela cuenta con uno de los mejores sistemas infanto-juveniles del mundo. “En cada esquina hay un niño con un violín, una trompeta u otro instrumento”, dice.

Y con esto concuerda Victoria Robalino, representante  en el Ecuador de Iberorquestas Juveniles, un programa de cooperación internacional técnica y financiera. “El sistema de Venezuela tiene 42 años y muchos países lo imitan”, dice.

Su metodología está enfocada hacia lo social, porque cambia las realidades de muchos pequeños en situación de vulnerabilidad. Se lo hace enseñándoles de manera gratuita un instrumento musical.

De experiencias como esta aprendieron los niños y jóvenes de todas las regiones del Ecuador, que llegaron al encuentro por medio de un llamado y una audición. “Pensé que todo iba a ser muy difícil, pero ha sido muy chévere porque he conocido a gente nueva que lleva siete y ocho años con un instrumento”, cuenta Fiorela Hurtado, una pequeña de 11 años que ­llegó a Quito representando a la Orquesta Sinfónica del ­Chaco, en Napo.

 Para Fernando Erazo, este encuentro fue una buena oportunidad para equivocarse. Lejos de pensar que los maestros y los compañeros lo iban a criticar, dice que hubo un ambiente familiar, donde se podía fallar en confianza, pues los maestros estaban ahí para enseñar.

Y con eso concuerda González. “Cuando se establece una competencia sana, se enciende una chispa en los chicos”, concluye el venezolano.


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