Quito,
Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 00:00

EL CLUB DE LA MEMORIA EL DETERIORO COGNITIVO SE PUEDE RETRASAR

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Los adultos mayores practican sus habilidades para alargar su independencia.

La demencia es una enfermedad inclemente. Esta no significa locura, sino que es un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas.
Sus etapas más tempranas son accidentes, como que el abuelo olvidó las llaves dentro de la casa. Con el tiempo, y si no se la trata, puede avanzar hasta que los adultos mayores no sepan qué hacer con el alimento que está en la boca o que ya no recuerden cómo caminar .

Según el médico geriatra Fabián Orellana, se debe visitar a un profesional de esta especialidad a partir de los 60 años. No importan si no da señales de envejecimiento, pues esta es una manera de prepararse para lo que le espera en el futuro.

La vejez no tiene que ser un calvario, pero la realidad es que muchos adultos mayores pasan sus últimos años en completa soledad. Todo el día en un sillón, viendo por la ventana, esperando que llegue el almuerzo, la cena, que pase la noche para que nuevamente empiece el día y repetir la rutina.

Vivir así tiene consecuencias en el estado de ánimo y, por ende, en el deterioro de la salud mental. El Club de la Memoria, dirigido por Adriana Sancho, se dedica a mejorar la calidad de vida de los mayores para alargar su independencia y seguridad; es decir, que pueda hacer actividades como bañarse, comer o manejar el dinero.

A través de diferentes ejercicios, los adultos mayores ejercitan sus habilidades en grupo. Desde la preescritura -dibujar bastones, círculos o rayas- y el dictado, hasta juegos de memoria, gimnasia y baile sirven para que los mayores se mantengan en actividad para cuidar lo que todavía queda de sus capacidades cognitivas.

Lo que más valoran muchos de ellos es la amistad que encuentran con gente de su edad. Experta en el jugar naipes, María Cazar tiene 88 años y desde hace 13 asiste a este centro. “Vengo todos los días sin falta.  Acá se pasa muy distraído, es preferible a estar solos en la casa”, cuenta.

Aunque revela ser una de las que más se ausenta, Marianita Valladares dice que lo mejor de todo es que allí a nadie se juzga y se aceptan como son. “Los pesares quedan a un lado, el rato que menos piensa, el tiempo se ha terminado. La vida de la casa es lo que a nosotros nos vuelve nerviosas”, dice.

Ernesto Santana fue profesor universitario de química por 38 años. Tal vez por eso su actividad preferida son las clases de dictado. “Pero también me gusta el baile porque, si no sé una pieza, las compañeras me enseñan”, dice entre risas.

Orellana explica que la socialización es fundamental en la rehabilitación cognitiva, pues les permite comunicarse el uno con el otro. Así, el uno no se cansa de decir cómo se llaman sus hijos y el otro no se cansa de preguntarle. Además, esto trae descanso para los familiares que los cuidan.


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