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Viernes, 28 de Julio de 2017 00:00

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Dediquen una tarde a hacer un calendario colorido y cada vez que hayan terminado una tarea, rayen un gran tachón.

 

OLVÍDESE DE DEJARLO TODO PARA EL ÚLTIMO

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Los niños entienden más de lo que creemos.

Todos sabemos qué se siente tener una tarea pendiente y retrasarla hasta el último minuto. Esto se llama 'procrastinación' y ni los niños se escapan de ella. ¿Por qué nos cuesta tanto lo que no es de nuestro agrado?

Para el 'coach' holístico José Verdú, la procrastinación es un problema cultural que indica una falta de motivación. Aunque los chicos no demuestren entusiasmo incontenible por todas las materias, se les debe guiar para que hallen algún tipo de beneficio al cumplirlas.

Muchas veces los hijos imitan los comportamientos de los padres. Así, si ellos ven que usted retrasa la compra de la lista de útiles, casi involuntariamente harán los mismo con sus tareas escolares.

Muchas veces el estrés es demasiado tan solo por pensar lo que tenemos pendiente. Entonces, según Verdú, el malestar es tan grande que bloquea el plan de acción para cumplir esa meta. Este panorama se empeora con la sobreestimulación a la que estamos expuestos todo el tiempo.

Parecería ser que los niños ahora se aburren con más facilidad. Pero no los culpe, pues a los adultos nos pasa lo mismo. Tan solo piense en lo difícil que se le hace no revisar el celular mientras espera en una fila del banco o del supermercado. Nos volvemos dispersos y se nos hace complicado concentrarnos.

"La mente se ha vuelto perezosa y cada vez le resulta más difícil encontrar momentos de silencio", explica Verdú. Esto también sucede con los niños, pues cuando tienen una tarea pendiente, encuentran cualquier excusa para no hacerla, pues las distracciones llegan "volando".

Todo es cuestión de dar pequeños pasos. Lo primero que debe trabajar con sus pequeños es identificar cuáles son sus metas, por pequeñas que sean. Así, puede direccionar todas sus acciones, incluso aquellas que no les gustan, para llegar a ese objetivo.

Por ejemplo, si tiene ese deber de inglés que nunca le gusta hacer, motívelo no por la materia, sino por acabarla para un fin mayor. Es decir, ayúdelo a poner la mirada en lo que podrá hacer después: jugar fútbol, salir con sus amigos o ver una película junto a usted.

Aunque no existe una receta para dejar la procrastinación, sí hay una forma de evitarla a toda costa: anticiparnos a los hechos. Tener un plan de acción le hará sentirse más eficiente y dar los primeros pasos disminuirá el estrés ante aquello que no le gusta hacer.

 

 

 


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